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Tertulia 3: Verde

 


Esta es una crónica distinta a las anteriores, si bien la polifonía las caracteriza, esta ha sido escrita a cuatro manos. Es difícil balancear varias voces, pero también lo es varias plumas. Como una especie de loro de dos cabezas (lo de verde, plumas y varias voces) comenzaré repitiendo los hechos. Este viernes fuimos siete, récord para la tertulia: Humanista, Daniel, Mari Carmen, Laura, Rodrigo, Joaquín y Luc. Los textos propuestos fueron:

 

  1. El poema “La tierra de Alvargonzález” de Antonio Machado (1875-1939), propuesto por Rodrigo.
  2. El cuento “Caballo en el salitral” de Antonio Di Benedetto (1922-1986), propuesto por Joaquín.
  3.  Un fragmento de la canción “L’absinthe” de Barbara (1930-1997), propuesto por Jean-Robert comentado in absentia (al igual que la absenta, que también faltó).
  4. Un fragmento del primer capítulo de Un fantasma en la garganta de Doireann Ní Ghríofa (n. 1981).

 

Empezamos considerando los valores o significados del verde: desde los elegidos en la tertulia –Irlanda, la naturaleza (que había teñido nuestras elecciones, según Humanista)— a la corrupción orgánica y la podredumbre (Mari Carmen) pasando por la envidia (“ponerse verde”), las malas lenguas que “ponen verde a alguien” y la inmadurez, tanto de los que están verdes –y aquí a Joaquín le recordó a la lectura de Ferdydurke, de Witold Gombrowicz como de los que sufren apetitos sexuales más propios de la juventud –“los viejos verdes”—. Asimismo, surgió la pregunta “¿por qué los chistes verdes son verdes?”, pero nunca llegamos a aclarar esta cuestión. Luc trajo a colación que tenía un amigo que había dedicado no sólo una tesis a la obra de Gombrowicz, sino un congreso entero en el que se recuperaba el elogio de la inmadurez que lo caracterizaba.

Entrando ya en los textos, comenzamos cronológicamente. Primero, con el de Machado, que data de 1912. Humanista dijo que le recordó al romanticismo de Bécquer y de Espronceda, en lo que coincidimos varios. Joaquín señaló que quizá era por el metro usado en el verso, típico del romance popular; y ya hablando de la historia dijimos que entronca con el imaginario de la España Negra, según Humanista, y España Vacía, según Joaquín, de corte eminentemente rural, que muestra asesinatos brutales cometidos por gente sin instrucción del que la película As Bestas sería un ejemplo contemporáneo.

Con respecto a la poca relevancia de los personajes femeninos en el poema, señalada por Luc, nos perdimos en una larga y sinuosa relación de nombres mitológicos para comparar las mujeres de sendas religiones y mitologías, pasando por Pandora, Eva, y otras mujeres famosas, y –más o menos— acordamos en que la Iglesia, sobre todo el Nuevo Testamento, las “pone a parir”. Además de los elementos bíblicos como la escalera de Job, Daniel resaltó que había otros elementos que podrían ser interpretados como mitológicos. Tal es el caso de las hilanderas asociadas a las moiras griegas, las parcas romanas y las nornas nórdicas además de la imagen del cuervo, representación de Odín. Tal vez fue la invocación de los dioses nórdicos o solamente el azar, pero mientras encerrados en nuestra caja de cristal nos demorábamos en “La tierra de Alvargonzález” –que Rodrigo consideró verde por el rol de la naturaleza, la envidia y la esperanza— un vikingo ya mayor pero no por eso menos desenfadado raptó a Laura ante la mirada atónita de todos. Rodrigo, haciendo alarde de caballería toledana, intentó rescatarla, pero Laura le transmitió con mirada resignada que o se rescataría sola o no la rescataría nadie.

Como la vida sigue adelante, así seguimos nosotros con “Caballo en el salitral” de Di Benedetto, y la discusión estuvo más dividida. Joaquín explicó por qué lo seleccionó, haciendo mención a que este texto, junto con otro titulado “El abandono y la pasividad” son textos “objetivistas” avant la lettre y citó un poco de memoria lo que recordaba haber leído en la carrera acerca del “objetivismo” u “objetalismo” francés como el de Alain Robbe-Grillet.

Por un lado, Mari Carmen propuso una lectura desde los aparatos complejos que representan la técnica avanzada (avión, tren) hasta la simplicidad del cráneo blanqueado por los elementos y convertido en nido (sencillez cuasi mineral), esta lectura de mayor a menor encontró eco en Luc y Joaquín. Por otro lado, a algunos les parecía que empezaba contando una cosa y después se iba para otra parte, Joaquín objetó que el personaje principal es la naturaleza, la vida en sus variadas formas, donde el hombre no juega el papel principal, y lo relacionó con las lecturas ecocríticas que viene haciendo, por ejemplo, la teoría de Gaia. Mari Carmen apuntó que ella vio hace poco una película de Disney/Pixar que le recordaba todo eso Mundo extraño.

Luc remarcó un par de imágenes que le habían gustado por originales como la descripción del pueblo esperando el “tren del rey”, quienes “…harían ruido si pudieran, pero las alpargatas no suenan” o esa bellísima descripción de las asimetrías de los cuerpos animales: 

 

“El zorro prescinde de su odio a la luz solar y deja ver a campo abierto su cola ampulosa detrás del cuerpo pobrete. Únicamente en el ramaje queda vida, la de los pájaros; pero ellos también se silencian: viene el puma, el bandido rapado, el taimado que parece chiquito adelante y crece en su tren trasero para ayudar el salto.”

 

Otros comentaron que el lenguaje, el estilo, la fraseología del autor les había parecido complicada, poco llevadera. Pero ya metidos de lleno en el tema de lo "natural", y discutiendo cuánto había de verde en estos paisajes desolados -con un valioso excurso para hablar de la geografía argentina, y cuánto condiciona esto a la "representación"— Humanista citó algunos versos de “La desolación de la quimera” de Luis Cernuda y también recordó unos versos que Joaquín ayudó a identificar de “El niño yuntero" de Miguel Hernández:

 

“Cada nuevo día es

más raíz, menos criatura,

que escucha bajo sus pies

la voz de la sepultura.

 

Y como raíz se hunde

en la tierra lentamente

para que la tierra inunde

de paz y panes su frente.

 

Me duele este niño hambriento

como una grandiosa espina,

y su vivir ceniciento

revuelve mi alma de encina”.

 

Daniel planteó si el cuento de Di Benedetto podía ser considerado del “realismo mágico" es decir del boom de la literatura latinoamericana, y Joaquín le dijo que más bien había sido influenciado por los mismos autores que los del boom (García Márquez, Rulfo), y ahí Humanista trajo a colación a Faulkner, que venía bien porque unía un poco los dos textos, el de Machado y el de Di Benedetto. Hablamos de Faulkner y de Carpentier, y en algún momento valoramos positivamente el hecho de la “gimnasia” lectora de tener que leer lo que otro ha seleccionado y además intentar comprender por qué. Entonces Humanista dijo que esto era el “antialgoritmo”.

 

Mari Carmen preguntó ¿por qué nos llaman la atención las casas abandonadas? A lo que Luc improvisó que el hogar vacío es una representación de la muerte y recordó una anécdota en la que sus amigos pasaron terror en un pueblo de casas semiabandonadas. Algo similar le ocurrió a Joaquín. Esos paisajes desoladores que evoca la naturaleza avanzando sobre la construcción humana nos llevaban a otras latitudes, pero fue en ese preciso instante que Laura se liberó del yugo vikingo y se reincorporó a nuestra caja de cristal. Todo esto mientras afuera se daba una presentación de libro o algo en lo que se repetía sin cesar “Estados Unidos… Estados Unidos… Estados Unidos…”.

 

Tras una ligera mención a la frase de Babara “Pour faire des poèmes on ne boit pas de l’eau” (para hacer poemas no se bebe agua) y habiendo recuperado el quórum encaramos Un fantasma en la garganta, de la irlandesa Ni Ghríofa. Este en algún sentido es un libro dentro de un libro, como una matrioshka (única referencia eslava que contrará en esta entrada esta vez), porque incluye la traducción que hace la misma autora del Lamento por la muerte de Arthur O’Leary de la poetisa en gaélico del siglo XVIII Eibhlínn Dubh Ní Chonaill. Comenzamos discutiendo en qué sentido se trata de un “texto hembra” (female text). Se discutió si no sería más adecuado traducirlo como femenino o feminista, pero la carga semántica es distinta. Luc dijo que, si bien le parecía una autora feminista, el texto no parecía necesariamente tal o permitía otras lecturas a lo que Laura, dijo que era un texto tan feminista como cualquier otro, pero adornado para que uno se lo coma con patatas.

 

En el texto Ní Ghríofa no explica bien qué quiere decir que sea un texto hembra, pero hace referencia a las tareas del hogar que ella tacha en su lista. Se habló de si eso era una ficción como decían Humanista y Daniel o una ironía como sugería Laura. En cualquier caso, se coincidió en que es poco realista sostener el cuidado de la prosa que tiene Ní Ghríofa con las tareas del hogar y la crianza de cuatro hijos. Si bien uno quisiera que fuera real, el hecho de que la autora sea entrevistada mientras dobla ropa cuidadosamente pareciera mostrar que es más un gesto que una realidad. En cualquier caso, sentenció Joaquín “no hay que conocer al autor”, que es mejor mantener separada la obra del autor. Quizá tenga razón, o quizá no hay que idealizarlos y con eso baste.

 

Las miradas furiosas que atravesaban el cristal de los que repetían sin cesar “Estados Unidos… Estados Unidos… Estados Unidos…” nos hicieron ir pensando en la próxima tertulia. Si bien, Luc y Joaquín independientemente habían pensado en el color amarillo decidieron dejar la elección librada a otro tertuliano. Mari Carmen con arrojo dijo “azul” y Daniel, inteligentemente, añadió: “ni cielo, ni mar”.

 

 Joaquín (hijo de Víctor Hugo) y Luc (hijo de Rubén Darío).

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