La memoria me traiciona, las notas con el tiempo cobran menos sentido, por lo cual esta será una crónica un poco más personal que las anteriores. En la tertulia dejamos democráticamente los colores en la búsqueda de temas más desafiantes, que nos lleven a campos literarios inexplorados por nosotros. Así es como elegimos África, así, a secas, sin matices. Un continente inmenso, llenos de culturas ricas, historia y evidentemente literatura, que no es tan conocida por nosotros, pero que a nivel global va ganando su merecido espacio.
Pensemos en los premios Nobel de literatura que ha dado África recientemente, dejando de lado para otro momento el debate sobre la “africanidad” de esos autores y el debate de hasta qué punto ese premio representa un canon literario:
1957. Albert Camus (Argelia).
1985. Claude Simon (Madagascar).
1986. Wole Soyinka (Nigeria).
1988. Naguib Mahfouz (Egipto).
1991. Nadine Gordimer (Sudáfrica).
2003. John Maxwell Coetzee (Sudáfrica).
2021. Abdulrazak Gurnah (Tanzania).
De ese listado sólo he leído a Camus, Soyinka, Mahfouz y Coetzee, pero reconozco que el número de autores africanos entre mis lecturas no es representativo de la producción literaria africana. Por lo cual es magnífico que la tertulia pueda subsanar un poco este déficit que probablemente no sólo tenga yo.
Es cierto que en el modo de enfocar el tema se cae en el tópico tan criticado por los autores africanos, y creo que con razón, de pensar en África como una unidad, como si se tratase de un solo país con las mismas características cuando hay culturas notablemente diversas. Pero podríamos decir que uno tiende a agrupar lo que desconoce. Para poder hacer distinciones tiene que aprender y esa es la finalidad de este encuentro.
El primer texto que discutimos lo podemos situar dentro de una de las culturas de Nigeria, la de los igbo: Narración de la vida de Olaudah Equiano, El Africano, escrita por él mismo Autobiografía de un esclavo liberto del siglo XVIII;. Rodrigo propuso el primer capítulo para discutir, texto que conoció en una tertulia de literatura anglosajona, yo lo había visto nombrado en un libro introductorio al Derecho por lo cual me entusiasmó especialmente este aporte. Fueron varias cosas las que nos sorprendieron del texto, por un lado, las dos perspectivas que toma el autor, la de africano (Olaudah Equiano) y la del europeo (apodado
Gustavus Vassa). Dice algo muy impactante, que si ve su biografía como africano tuvo una buena vida y si la ve como europeo fue una tragedia. Fue raptado y vendido como esclavo siendo muy joven y luego tras varias peripecias logró comprar su libertad y vivir como hombre libre en Inglaterra, casándose y dejando testamento. El texto es un alegato a favor de la abolición de la esclavitud. La prosa parece especialmente cuidada para mostrar que el prejuicio de la incapacidad para el pensamiento de los esclavos es una falsedad, que se ve confirmada por las duras condiciones en las que son tratados los africanos vendidos como esclavos.
En la discusión aparecieron varias cosas. Joaquín mencionó la travesía en barco desde África (probablemente la actual Nigeria) hasta la isla de Barbados. Travesía en la que murieron muchísimos esclavos. Olaudah pronto consiguió trabajo entre navegantes y esto le recordó a Joaquín que había leído sobre un conquistador negro del que no se acordaba el nombre (¿sería Juan Garrido?).
También le llamó la atención algo que narra Olaudah en otro capítulo, que dice que creía que los libros hablaban. Eso le recordó el episodio de Cajamarca, donde se narra algo similar en América y se preguntó si en la cuidada prosa de Olaudah no habría inspiración de fuentes hispanas. De hecho, uno de los argumentos que da nuestro autor en su capítulo en favor de considerar arbitrario el vínculo entre intelecto y color de piel es el de los españoles que viven en las Indias cuya piel se broncea sin cambiar por ello sus capacidades.
Otra cosa que llamó la atención fue que cuando Olaudah describe su pueblo, el habla de los "eboe" y se cree que se trata de los igbo de Nigeria, procura emparentarlos en las costumbres con los judíos, por ello insiste en las abluciones y en la hipotética descendencia de los africanos de un Áfer y una Afra. Quizá para contrarrestar la llamada “maldición de Cam” empleada por los partidarios del comercio de esclavos para justificar sus prácticas, en tanto que raza condenada bíblicamente.
Asimismo, fue interesante que Olaudah dice que en su pueblo el color favorito es el azul, abundante en su medio. Algo que habíamos visto no ocurría así en otras latitudes, tal como aprendimos con la tertulia Azul, ni cielo, ni mar y especialmente el texto de Labatut.
Otra cosa que le llamó la atención a Joaquín es que mencionara que el hollín es salado. Esto fue confirmado por Mari Carmen quien contó que en los hornos de panadería suele haber presencia de hollín y que este tiene un cierto matiz salado.
El libro vale la pena ser leído completo, fue un buen regalo de despedida que nos deja Rodrigo. Ojalá pueda seguir ligado a la tertulia aunque sea a la distancia. Gracias por haber compartido tu tiempo y tus lecturas con nosotros, te vamos a extrañar.
Pasemos al segundo texto, “El huésped” de Albert Camus, propuesto por Joaquín. El texto narra la historia de un profesor, Daru, al que un oficial le trae un reo al que casi con seguridad condenen a muerte. El oficial le pide al profesor que lo entregue a las autoridades al otro día, pero esto genera un dilema en Daru, intenta dejarlo libre pero el reo se entrega. A ojos de sus estudiantes y de sus padres Daru es un traidor, pese a que su intención era salvarlo.
El título del cuento juega con la ambigüedad entre huésped (invitado) y huésped (anfitrión). ¿Es la historia de ese detenido que mató a un vecino por una disputa y que pasa la noche en la escuela de Daru o es el dilema moral del propio Daru entre entregarlo y cumplir con la justicia francesa o dejarlo libre y cumplir con su comunidad local? Por alguna razón derivamos en el tema reciente, que llegó a los medios por el fútbol, de si España era racista o no. Pero se insistió en que el cuento de Camus procuraba mostrar las complejas capas del conflicto argelino y los distintos principios contrapuestos en la persona de un hombre de dos mundos: Daru (¿y Camus?), un poco de aquí y un poco de allí.
Finalmente abordamos los tres poemas de la poeta y académica ugandesa Susan Nalugwa Kiguli. Los propuse porque quería algo que fuese más allá de los tópicos sobre África, pero creo que a Mari Carmen no la convencí porque ella los veía patentes. Es cierto que Kiguli en sus poemas habla del genocidio de Ruanda, del reconocimiento de la dignidad humana, del rol del amor materno y especialmente la cultura en la forma de las canciones de cuna en la reconstrucción de un país en el que hubo crueles matanzas. A mí me impactó especialmente el poema “Mothers sing a lullaby”.
Pero a Mari Carmen no la movilizaba del mismo modo, por lo cual hizo una pregunta interesante: ¿tengo que tomar en cuenta quien dice qué al momento de apreciar el poema? Es decir, cuánto cuenta la vida del poeta en la apreciación del poema. Tal como lo planteó me recordó a un texto interesante de Foucault que había leído hace poco ¿Qué es un autor? Pero no tuve oportunidad de comentarlo, Joaquín que es filólogo respondió que dependiendo del tipo de texto la respuesta era que sí.
África nos dejó con muchas ganas de más. Hay mucho por conocer, por explorar, por aprender. Así que decidimos seguir un poco más en el tema, pero esta vez sí con alguna restricción: “África en la ciencia ficción”, donde África puede ser entendida como autores africanos escribiendo ciencia ficción o África como locus de la narración de ciencia ficción. No sabemos qué encontraremos allí, pero estamos seguros de que será interesante.

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